¡¡Hola Hola!!
Aunque este post llegue a vosotr@s más tarde, lo estoy escribiendo a unas horas de mi vuelta a casa tras hacer la ruta, demasiada información acumulada así que, vayamos por partes...
Sin saber el destino, dejándome llevar, confiando y dejándome sorprender...preparé la mochila, añadí las GANAS y volví a pisar Peñalara...
Escribo este post tan rápido porque quiero recordar cada sensación, desde el frío que aún almaceno en alguna parte de mi cuerpo, hasta el último detalle de la aventura.
Como digo, no sabía el destino, solo tenía algunas indicaciones en cuanto a vestimenta, horario, etc pero iba "a ciegas".
Me parecía un planazo, pero como soy algo preguntona me lo han chivado antes de llegar jejeje. Os pongo en situación:
5:00 de la mañana: ¡despierta! empieza el día, desayunar y sacar al equipo que nos vamos, mis perras flipaban...¿a esas horas debían salir a la calle? ¡poca broma!
6:00 de la mañana: coche calentito y directos a Peñalara...¡qué comience la aventura! Sabía que llegaría para ver amanecer y ese plan, me volvía loca, no sabéis las ganas que tenía de ver amanecer en montaña...
Una vez preparado el material, la idea era intentar correr-andar pero vistas las previsiones, mejor era ponerse doble pantalón y enfilar para arriba a ver que nos deparaba el día.
Solos. Niebla, nieve y silencio...3 personas al principio del camino pero en la segunda cuesta empezaba un camino en solitario donde solo se veía nieve virgen, bancos de niebla y alguna pisada que aún dudo que fuera humana o de centauro, no lo tengo claro...
El viento hacía presagiar que en cualquier momento la niebla se iría para dejar paso a las vistas, lo que no esperaba es que en un momento entre esa niebla comenzara a salir una luz de un color que me hizo pensar que yo veía "raro", para después dejar salir al sol...¡¡estaba amaneciendo!!
Me voy a poner profunda, pero ¡que coño! era tan bonito que costaba hasta mirarlo, primer deseo cumplido, veía amanecer en montaña.
La subida continuaba entre la nieve, suerte que contábamos con crampones y raquetas, pudiendo cambiar en función de la dureza de la nieve, así la subida era mucho más llevadera. Segundo deseo cumplido, hacer raquetas de nieve.
Confieso que estaba desubicada, sabía cómo debía ser el camino, había subido otras veces, algo se me tenía que haber quedado a la fuerza pero la niebla no dejaba ver más allá y me hacía dudar. Por suerte, el viento hacía su efecto y a ratos daba paso a una vista despejada que había que aprovechar, aunque era difícil concentrarte en el destino cuando solo querías apreciar la imagen espectacular para guardarla en la retina.
El último tramo de subida se complicaba por el viento, mis manos empezaban a entumecerse pero llegó mi salvación en forma de chaqueta, lo que me permitió hacer parte del tramo con las manos en los bolsillos y poder recuperar temperatura.
Entre intentar no volarme, mirar en dirección al vértice y seguir subiendo, con el picor de piernas que ya hemos hablado varias veces...mi compañero "amarillo" pasaba las de Caín haciendo de muro para quitar algo de viento, sujetarme y cerciorarse si yo quería seguir subiendo...¡Y claro que quería! Inclemencias del tiempo a nosotros...¡ja!
La anécdota de hoy es que yo solo repetía, ¡no puede ser, tenemos que estar llegando! ¡el vértice tiene que estar ahí!, por más que levantaba la cabeza, no era capaz de verlo hasta que viendo el clásico monolito con la grabación del nombre del pico me ubiqué y entendí el problema, la forma de cilindro que yo buscaba tenía tal capa de hielo que se había convertido en una "roca" más, ¡ya podía estar buscándolo!
Llegamos y coronamos, por supuesto. Un minuto, una foto que aún no sabemos ni cómo ha salido bien (con riesgo de amputación de varios dedos...) y enfilar para abajo a coger temperatura pensando en la calefacción del coche.
De nuevo la bajada corta, siempre igual, ojo lo que pica subir y lo rápido que es bajar...Una vez con el cuerpo más a tono, sacaba mi cabra interior y con la ayuda de los crampones me dejaba llevar correteando cual Heidi entre la nieve, ¡una maravilla!
Al llegar abajo empezaba la romería de gente, trineos y coches, pero con la vista puesta en el coche, ropa seca y trabajo más que realizado con éxito.
A continuación os dejo un video, hecho con mimo y cariño, para que podáis haceros una idea aún mejor de la aventura que supuso. Espero que lo disfrutéis tanto como yo al recordarlo o cada vez que lo veo y que pueda llegaros la mejor sensación, esa que me encanta llamar MONTAÑA Y VIDA.
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