¡¡Hola Hola!!
Seguimos tachando retos, seguimos conquistando vértices, hoy subimos Pico del Lobo con 2274m.
Lo sé, quizá la foto de portada de hoy no es la más estética o bonita pero refleja primero lo cabra que soy y segundo lo bien que lo pasé agarrándome al vértice con un viendo estupendo y fuerte que podía hacerme volar en cualquier momento. Vamos con una ruta de esas que pican, mucho, pero disfrutona a tope.
Pico del Lobo estaba en mi lista desde hace bastante tiempo y por fin pude cumplir subirlo, disfrutarlo y añadirlo a mi lista de retos conseguidos.
De partida salimos de la estación de esquí de La Pinilla. Primera imagen, furgonetas camper de todos los estilos e incluso carpas de los afortunados que habían hecho noche allí, ese sueño lo cumpliré alguna vez...¡seguro!
Iniciamos la ruta atrochando y haciendo el cabra que se nos da estupendamente, después de dejar los apartamentos atrás hasta llegar al camino principal y ahí si, empezaba el primer picor de piernas.
Las vistas que nos iba regalando el día eran cada vez mejores, podíamos ver como Riaza se hacía cada vez más pequeño y nosotros cogíamos altura. Tuve el placer de conocer Riaza el año pasado y recuerdo tomarme algo en la plaza con unas vistas increíbles a una cuerda de montañas que por supuesto pensé "eso tengo que investigarlo algún día...", firme defensora que los sueños se cumplen.
Dejando la zona de bosque y abriéndose la vista, las imágenes seguían mejorando, las piernas picando, pero conseguimos dejar atrás el grupo de moscas segovianas que llevábamos a la espalda desde el inicio de la ruta y que hacían honor al nombre de "moscas cojoneras".
Último tramo de subida disfruton a la par que rompepiernas, con la idea siempre que cuanto más pica, más merecerá la pena. Me recordaba mucho a la última subida de Peñalara, cuando ves el vértice a lo lejos y sabes que estás a punto de llegar pero las piernas parece que no reaccionan, es más, valientes algún que otro corredor que nos cruzamos, son mis héroes.
Conquistado el vértice y con la dosis de viento correspondiente, disfrutamos del debido recovery en la cima, mientras abríamos el debate de las ruinas de la antigua cafetería de la estación de esquí, ahora ya solo son restos que para mí, no le añaden nada positivo a las vistas, ya que conservadas al menos tendría su nostalgia pero actualmente son un cúmulo de hierros a punto de caerse y provocar más daños que alegrías.
Ahora si, tocaba bajar hasta el coche y disfrutar de las últimas imágenes, hacer el cabra como mejor sé y completar una mañana perfecta con 12km en las piernas e imágenes preciosas en la retina.
La siguiente locura es distinta, especial, pero con los de siempre, ¡nos vamos a un evento de trail!
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