¡¡Hola Hola!!
Volvemos a la carga con "nueva temporada". Hoy vamos a Extremadura, y aunque por mis venas corra sangre extremeña, era una desconocida para mí. Eso ha cambiado y hoy os cuento mi visita a Cabrero, en el Valle del Jerte y mi paso por el Parque Nacional de Monfragüe.
Que la cabra tira al monte queda totalmente confirmado y mi primera parada empezaba en el pueblo de Cabrero.
Metido en pleno Valle del Jerte me enamoré de la zona al verme entre sus montañas, haciendo ese efecto de cuerda larga que me recordaba a la sierra madrileña, además su figura más notable junto con los atardeceres que me regalaba en cada paseo perruno (porque sí, este año nos fuimos de vacaciones todo el equipo) fue el mejor inicio que pude tener.
Durante esos días pude descubrir la esencia de muchos productos de llegan a mi nevera, conocer nuevos sabores, acostarme y levantarme con unas vistas privilegiadas, descansar y disfrutar de la zona como una niña pequeña y desplazarme a tantos sitios que 4 días bien parecieron un campamento de verano con múltiples actividades, ¡que gusto!
La primera visita la hicimos al Parque Nacional de Monfragüe, con prismáticos incluidos. No solo pude disfrutar de sus caminos, ya que en ningún momento pensé que era tan grande y acabé gratamente sorprendida, sino que además conocí de cerca la fauna más variable que podía imaginar.
Es verdad que llevar como guía a un conocedor de excepción de toda clase de animalejos es una gran ayuda, tuve clase privada de cada animal que nos cruzábamos, fuera terrestre, aéreo, grande o pequeño.
Pude verlos lo más cerca posible gracias a los prismáticos e incluso observar una cigüeña negra gracias a un buen hombre que nos permitió observar con su telescopio, apreciaba cada detalle y el día solo acababa de empezar.
Tras pasear entre buitres, conocer su famoso y bonito castillo, subir tantas escaleras como fue posible y hacernos fotos como buenos turistas, llegaba el momento de comer y el plan pintaba de 10: mesa plegable, tortillas de patata, quesos varios y hasta un joven ciervo tan tranquilo paseando a nuestro lado...¡no se podía pedir más!

La anécdota llegó cuando de vuelta al coche, mi querida y pequeña perra de escasos 10kg salió corriendo tras el ciervo en "modo caza" dispuesta a pillar al jovenzuelo...la lijada que le pegó el bichito fue monumental, el susto también y las risas cuando lo recordamos, especiales sin duda.
A punto de finalizar la visita por el parque, satisfechos con toda la fauna que habíamos disfrutado nos quedaba el plato fuerte. Para nuestra sorpresa pudimos disfrutar de dos ciervos macho que eran tan imponentes como preciosos, no sabía que un animal podía tener tanta elegancia al andar...
Con mis retinas acumulando imágenes y el móvil de mi guía repletito de fotos, pusimos rumbo a Cabrero para disfrutar de una jornada de piscina privada más que merecida. Era solo el primer día pero la cosa prometía y mucho...
En la siguiente jornada (y post), como no podía faltar, tocaba ruta y zapatillas ya que los entrenamientos seguían en pie para lo que nos esperaba días después...
"Da el primer paso y el resto del camino irá apareciendo"
Ole esa bonita tierra extremeña
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