domingo, 11 de septiembre de 2022

Ordesa y Monte Perdido (Vol. I)

 ¡¡Hola Hola!!

Que empiece la gran aventura de 2022. Quien me lo iba a decir, por fin conocía Pirineos y un gran reto por delante, Monte Perdido con 3355m, ¿conseguido? Os lo cuento con detalle...

Pirineos. Cualquier persona a la que le gusta la montaña sueña con conocerlos, perderse entre sus maravillas y recorrer sus sendas. Las vacaciones salieron casi sin pensar, pero como todo lo que me pasaba esos meses atrás, llegaba hasta mí y fluía como nunca lo había hecho, ¿crees en las señales? ¡Yo si! 
Mochila preparada, maletas al coche y rumbo a disfrutar de las primeras veces 🐐


Por primera vez iba a conocer Ordesa, había visto muchas fotos durante un año e imaginaba que un día pisaría senda de cazadores, vería el agua caer en cola de caballo, me tomaría algo en Góriz y por supuesto, conquistaría la cima de Monte Perdido (denominado "niño perdido" desde este viaje)

La ruta comenzaba cogiendo el bus que salía desde Torla a las 6:00, aunque no voy a mentir, la ruta comenzó a las 4 de la mañana cuando salté de la cama como una niña pequeña que se iba de excursión. 

Los primeros pasos con el frontal encendido nos metían en senda de cazadores comenzando así un desnivel importante pero estudiado, era la mejor opción ya que conscientes que acumularíamos un desnivel brutal ese día, era mejor empezar frescos y quitarnos lo máximo posible a primera hora. 


La llegada al mirador me hizo soltar las primeras lágrimas de emoción y no pienso disculparme por mi sensibilidad, era un sueño cumplido y disfruté cada segundo, cada imagen que guardaba en la retina y cada paso que nos dirigía a nuestra meta. 


Algo antes del mediodía llegábamos a Góriz, los tiempos más o menos se iban cumpliendo, aunque empezábamos a ser conscientes que había que parar menos a hacer fotos, cosa que es un poco inevitable si quieres llevarte un recuerdo de todo. 

Tras la parada en el refugio, dejando una mochila para llevar menos peso, enfilábamos hacia arriba en busca de esa cima que se prometía "de otro planeta". 
No lo negaré, el camino se hacía duro, el cansancio y la temperatura empezaban a aparecer y las piernas no estaban tan ligeras aunque la ilusión podía conmigo. 
Añadiré que mi compañero de ruta iba superando retos y miedos, eso me hacía seguir dando un paso tras otro, enseñarle mi mundo y ver a través de sus ojos como iba descubriendo nuevos paisajes para él. La vida es para los valientes y él es uno de ellos 💗


A algo más de hora y media de la cima llegó el drama, no podíamos subir. No fue físico, ambos estábamos preparados para ello, cansados pero conscientes que era el último empujón y que merecería la pena, pero el factor "horas" nos hacía tener que tomar la decisión de verlo desde lejos y retomar la bajada con rabia, lágrimas de impotencia y prometiendo que volveríamos a por él. 
Para hacer esta ruta habíamos cogido un bus que nos dejó en la pradera y que de nuevo debíamos coger como muy tarde a las 22h, calculando tiempos de subida y bajada no podíamos cumplir con el plan, y si forzábamos, podíamos caer en el error de no disfrutar nada de lo que pasara el resto del día por las prisas. A veces una retirada a tiempo es una victoria. 


Luchar contra la frustración fue de mis mayores batallas y ahora sé que de mis mayores logros. Tenerlo tan cerca y ver como debía dejarlo a la espalda, me produjo rabia y pena, pero ahora sabía con total seguridad que los sueños se cumplían, que hace un año empecé a soñar con esta aventura y estaba superando todas mis expectativas, solo era cuestión de esperar algo más de tiempo. 


Gracias a esto pude disfrutar de la bajada, pasar mucho miedo bajando por las clavijas de Soaso (que NO recomiendo, al menos de bajada) y llegar a cola de caballo, vivos 😆. Metí los pies en el agua congelada que bajaba de una de las cascadas más bonitas que he visto, nos merecíamos disfrutarlo. 


El camino de vuelta se hizo ameno, con parada en las gradas de Soaso, otro placer para la vista y sentidos, no quiero saturar con más fotos porque podría subir todo un book gracias al "chino-español" que llevaba a mi lado móvil en mano.
Disfrutamos, sacamos conclusiones, aprendizaje y empezamos a planear cual sería la siguiente jugada para atacar al "niño perdido". 

Volvíamos al bus con casi 33km de ruta en las piernas, 2600m de desnivel y más de 12h en movimiento...muertos no era la palabra exactamente, la muerte real llegó cuando quisimos cenar algo y ningún restaurante del pueblo nos daba de cenar...
Benditos huevos rotos en tupper que conseguimos en el último momento...



Así, a lo grande, empezaba las vacaciones de verano, nos quedaban más días, más maravillas por descubrir y por supuesto, más kilómetros por hacer...los locos somos así. 

¡Nos leemos en la próxima aventura!

"Solo escribo mi historia.
No hay camino de rosas sin heridas"






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